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Material proporcionado por el instructor Claudio C. Fontán
Filosofía china, denominación colectiva de varias escuelas de pensamiento creadas por eruditos y pensadores chinos. La filosofía china ha pasado por tres etapas históricas distintas: la etapa clásica, periodo creativo que va desde el siglo VI hasta el II a.C.; la medieval, desde el siglo II a.C. hasta el siglo XI d.C., periodo de síntesis y absorción del pensamiento extranjero, y la moderna, que comprende desde el siglo XI hasta nuestros días, tiempo de maduración de las tendencias filosóficas precedentes e introducción de nuevas filosofías tomadas de las culturas occidentales. A través de estas etapas, el pensamiento chino ha tendido hacia el humanismo en vez del espiritualismo, hacia el racionalismo y no hacia el misticismo, al sincretismo en lugar del sectarismo.
Etapa clásica
La etapa clásica de la filosofía china se originó en los últimos años de la dinastía Zhou, que duró desde el 1027 a.C. hasta el 221 a.C. Durante esta etapa de agitación política y social, los estados feudales, durante largo tiempo subordinados a la casa Zhou, fueron ganando fuerza económica y militar y se encaminaron hacia la independencia. Cuando su poder eclipsó el de Zhou, se rompieron los lazos feudales y estalló la guerra entre los estados en el siglo V a.C., cayendo en el caos político en los siglos IV y III. Mientras tanto los cambios sociales y económicos resultantes de las nuevas tendencias del comercio estaban alterando la sociedad agrícola. En este clima de anarquía política y agitación social surgió una nueva clase de funcionarios-sabios, constituida por hombres que aspiraban a reunificar el Imperio y restaurar el orden social a través del conocimiento y el saber.
Confucio y discípulos posteriores
El más importante de aquellos sabios fue Confucio, miembro de la
aristocracia menor y funcionario del Estado de Lu, en la actual provincia de
Shandong, que vivió entre finales del siglo V y principios del IV a.C. Fue
maestro itinerante y consejero de los soberanos de varios estados. Para
restablecer el orden y la prosperidad, abogó por la restauración del gobierno
imperial, de las organizaciones sociales y familiares y de las reglas
establecidas en la literatura clásica de principios de la dinastía Zhou. Lo
más importante en este sistema, sin embargo, era el individuo. Para Confucio
cada ser humano tiene que cultivar virtudes personales como la honestidad, el
amor y la piedad filial a través del estudio de los modelos aportados por la
literatura clásica. Esto traería la armonía a la jerarquía que conformaba la
familia, la sociedad y el Estado. Los individuos más importantes serían sus
dirigentes y consejeros, porque sus pautas de conducta virtuosa representarían
un ejemplo para los demás.
Confucio no habló en sentido estricto de la naturaleza de los seres humanos,
los derechos del pueblo contra los soberanos tiranos y la influencia de lo
sobrenatural en los asuntos de los hombres. Pero dos de sus discípulos de los
siglos IV y III a.C., Mencio y Xun-zi clarificaron mucho estos conflictos
básicos. Mencio afirmó que la naturaleza humana era buena en esencia y que se
podía desarrollar no sólo mediante el estudio, como había enseñado Confucio,
sino también a través de un proceso de autoconocimiento interior. Al igual que
Confucio, Mencio aceptó la sociedad medieval en la que vivía organizada de
acuerdo con principios jerárquicos, pero hizo mucho hincapié en la
responsabilidad que tenían los gobernantes en el bienestar de su pueblo. Los
gobernantes Zhou mantenían su posición gracias a una doctrina llamada Mandato
del Cielo, según la cual el Cielo era la autoridad impersonal que regía todas
las acciones que tenían lugar en el Universo. Mencio sostenía que el Mandato
del Cielo se expresaba por la aceptación de un gobernante por parte del pueblo.
Si el pueblo se sublevaba y derrocaba a un tirano, quedaba probado que el Cielo
le había retirado su mandato. En nombre del Cielo, Mencio reivindicaba el
derecho de rebelión del pueblo chino. Xun-zi mantuvo una concepción opuesta
por completo a la naturaleza humana. Afirmaba que la rebelión era mala en un
sentido intrínseco. Xun-zi, sin embargo, era lo bastante optimista para creer
en la ilimitada capacidad del pueblo para mejorar. Enseñó que, a través de la
educación, del estudio de los textos clásicos y de las reglas de la propiedad,
se podría alcanzar la virtud y restaurar el orden en la sociedad. Así, Xun-zi
dotó al confucionismo de una filosofía pedagógica formal y una tendencia
hacia las reglas rígidas para regular la conducta humana.
Taoísmo y otras escuelas importantes
La segunda gran filosofía de la etapa clásica fue el taoísmo. El filósofo
Lao-tsé, que quizá vivió en el siglo VI a.C., está considerado como el
fundador de esta escuela. Mientras que el confucionismo buscaba el pleno
desarrollo de los seres humanos a través de la educación moral y el
establecimiento de una sociedad jerarquizada, el taoísmo pretendía proteger la
vida humana siguiendo el Camino de la Naturaleza (Tao) y volviendo a las
primitivas comunidades agrarias y a un gobierno que no controlara o interfiriera
en las vidas de los individuos. El taoísmo trató de llevar al individuo a una
perfecta armonía con la naturaleza a través de una unión mística con el Tao.
Este misticismo también fue seguido por Zuang-zi, filósofo taoísta de finales
del siglo IV a.C., para quien, a través de la unión mística con el Tao, el
individuo podría transcender la naturaleza e incluso la vida y la muerte.
Entre las otras escuelas importantes de ese periodo se encuentran el mohismo, el
naturalismo y los dialécticos. El mohismo, fundado por Mo-tzu en el siglo V
a.C., predicaba el utilitarismo estricto y el mutuo amor entre las personas, con
independencia de las relaciones familiares o sociales. Durante el siglo IV a.C.,
el naturalismo ofrecía un análisis del funcionamiento del Universo basado en
algunos principios cósmicos. Los más conocidos son el yin y el yang, que
representaban las dualidades que actuaban en la naturaleza, lo femenino y lo
masculino, la sombra y la luz, el invierno y el verano. También en el siglo IV
a.C., los dialécticos se encaminaron hacia un sistema de lógica mediante el
análisis del verdadero significado de las palabras, con el fin de evitar las
trampas inherentes al lenguaje.
Escuela legista
La escuela legista surgió como la filosofía dominante en el reino de Qin
durante los caóticos años entre los siglos IV y III a.C. Dos discípulos de
Xun-zi, Han Fei y Li Su, fueron, respectivamente, su principal filósofo y la
persona que puso en práctica el legismo. Fundamentaron sus ideas en las
enseñanzas de Xun-zi cuando sostenía que la naturaleza humana era mala e
incorregible y que era necesario un estricto control sobre cada aspecto de la
sociedad humana. Toda libertad personal estaba subordinada a su objetivo de
crear un Estado fuerte bajo un soberano con autoridad ilimitada.
La escuela legista facilitó un instrumento efectivo al crear una poderosa y
autoritaria maquinaria militar y económica en el Estado de Qin. Hacia el 221
a.C., Quin había conseguido conquistar los otros estados feudales y establecer
la primera dinastía imperial de China, un imperio unificado y centralista
caracterizado por leyes estrictas, duros castigos, rígido control del
pensamiento (como demuestra, la quema de todos los libros no legistas en el 213
a.C.), el control gubernamental de la economía y enormes proyectos de obras
públicas como la Gran Muralla china, construida por el empleo masivo de obreros
condenados a trabajos forzados y con un elevado coste de vidas humanas.
Todo esto ocurrió poco antes de que el gobierno opresivo de la dinastía Qin
provocara la rebelión del pueblo chino. En el 206 a.C. un líder rebelde de
origen plebeyo, Liu Pang (luego llamado Gaodi) entronizó a la dinastía Han. Se
mantuvo la administración centralista de inspiración legista (ésta se
prolongó hasta 1912), pero disminuyó el control gubernamental sobre la
economía y la ideología. Muchas de las creencias del último periodo de la
dinastía Zhou fueron recuperadas y reexaminadas con la intención de establecer
un sistema de pensamiento con un alcance y complejidad adecuados para servir
como base filosófica al nuevo y expansivo imperio Han.
Confucionismo Han
Basando sus ideas en gran medida en el concepto de Xun-zi, es decir, el del
Universo como una tríada formada por el cielo, la tierra y la humanidad, los
filósofos confucianos de la dinastía Han crearon un sistema de pensamiento que
unía la cosmología del yin y del yang de los naturalistas; la preocupación
taoísta de percibir y comunicar con la naturaleza; las enseñanzas confucianas
sobre un gobierno benevolente dirigido por soberanos virtuosos y el respeto por
el aprendizaje y los principios legistas del desarrollo económico y de la
administración. Esperaban que esta filosofía aglutinadora daría al soberano y
al gobierno el conocimiento para comprender las partes celeste y terrenal de la
tríada y los medios necesarios para regular la parte humana, así como para
coordinarlos y establecer una armonía perfecta en el Universo. La
sistematización racionalista que sugería esta formulación llevó al fin a
acuñar ideas inverosímiles y mezclarlas con supersticiones que permitían
explicar de un modo simbólico las misteriosas actividades del cielo y la
tierra. Aunque el confucionismo Han contaba con el apoyo del gobierno desde el
136 a.C. y más tarde fue necesario conocerlo para trabajar en las instituciones
políticas, su hermetismo excesivo dio lugar a una fuerte oposición en los
primeros siglos de nuestra era y la escuela se dividió al dirimir las
cuestiones fundamentales sobre la autenticidad de los textos clásicos.
Etapa medieval
Durante los siglos II y III d.C., un conjunto de causas sociales y económicas
llevaron a la caída de la dinastía Han, provocando la desunión política y la
invasión extranjera. El vacío filosófico creado por el colapso del
confucionismo Han fue resuelto por el taoísmo y también por el budismo, una
filosofía entonces nueva en China. Un grupo de pensadores taoístas intentó
reconciliar las enseñanzas confucianas de la responsabilidad social con la
naturalidad y misticismo del taoísmo, un segundo grupo buscó escapar del
agitado clima político existente a través de la creencia en el placer como
único bien.
Budismo
El budismo penetró en China desde la India y Asia central entre los siglos I y
VI d.C. El desconocimiento del idioma dificultó al principio a los chinos la
aprehensión de las sutilezas del sistema de Buda. Entre los siglos III y VIII,
sin embargo, se tradujo la doctrina budista y ésta fue difundida por todos los
niveles de la sociedad china por peregrinos que volvían de la India y por
Kumarajiva, el gran traductor de los sutras del sánscrito al chino. Las
enseñanzas del budismo fueron ante todo religiosas y planteaban escapar de los
sufrimientos de la vida y la reencarnación sin fin, provocados por los deseos
humanos, alcanzando un estado indescriptible de ausencia de deseo, conocido como
nirvana. El budismo tuvo también mucha importancia porque las fórmulas para
conseguir el nirvana que llevó a China incluían meditaciones metafísicas muy
complejas sobre la naturaleza de la existencia.
La evolución del budismo en China se ajustó a la predilección china por el
sincretismo, la conciliación de credos religiosos opuestos. El budismo hindú
se dividía en sectas, algunas de las cuales mantenían que los elementos
básicos de la existencia eran reales (realismo) y otras que eran irreales, o
que estaban vacíos (idealismo) de fondo. Ninguna de estas posiciones extremas
pudo satisfacer a los filósofos budistas chinos de la secta T'ien T'ai que
formularon la "Triple verdad en perfecta armonía" para explicar la
naturaleza de la existencia. Esta doctrina mantenía que, aunque las cosas
están fundamentalmente vacías, tienen una existencia temporal y ésta es la
verdadera naturaleza de todas las cosas en el Universo. La metafísica
sincrética de la secta T'ien T'ai realizó la mayor contribución doctrinal al
budismo, pero la secta de la meditación, que enseñaba el método directo
intuitivo para penetrar en la verdadera naturaleza del universo, tuvo un alcance
y permanencia mayores en China. Esta secta se conoce mejor en el mundo
occidental por su nombre japonés de budismo Zen.
Periodo sincrético
La reunificación de China bajo la dinastía Sui (589-618) y la dinastía Tang
(618-906) conllevó varios siglos de sincretismo religioso y filosófico que
aglutinaba el taoísmo, el budismo y el confucionismo resurgente. A pesar de que
el budismo fue dominante en sus primeros tiempos, entre estas tres escuelas el
confucionismo ofreció una filosofía política y social adecuada a las
necesidades de un imperio centralista. En consecuencia, fue restablecido como el
fundamento idóneo para la educación de los futuros funcionarios y esta
instruida clase siguió siendo cada vez más confuciana. Este hecho, tanto como
el temor del gobierno hacia el poder creciente de la Iglesia, provocó la
persecución de los budistas y taoístas y su declive final. El taoísmo, sin
embargo, pervivió como una filosofía que practicaban los chinos ilustrados en
sus vidas privadas y en su relación con la naturaleza.
El confucionismo no se reinstauró hasta después de la dinastía Song, después
de que China hubiera sufrido otro periodo de desunión política desde 907 hasta
960 conocido como el de las Cinco Dinastías. El neoconfucionismo surgió del
renovado estudio de los clásicos, necesario para poder optar a un cargo y
conseguir un puesto en la administración civil imperial e intentó reforzar la
ética confuciana con un sustrato metafísico. Al hacer esto asumió algunas de
las ideas del budismo y del taoísmo, aunque en esencia eran muy diferentes,
opuestas. El neoconfucionismo enseñaba que existía un principio para todas las
cosas en el Universo, buscó descubrir esa noción generadora y mantuvo que el
conocimiento del principio uniría al individuo con el Universo y le guiaría en
las relaciones personales, sociales y políticas. El budismo, por el contrario,
había enseñado que todas las cosas en el Universo estaban, en última
instancia, vacías, intentó transmitir a sus seguidores que la iluminación
produciría en el individuo el rechazo de los asuntos mundanos. El taoísmo no
consideraba que el Universo estaba vacío, pero intentó alejar al individuo de
la sociedad humana e incluso transcender la vida y la muerte.
Etapa moderna
El neoconfucionismo tuvo tres escuelas: la escuela del principio (racionalismo),
la escuela de la mente (idealismo) y la escuela del saber práctico (empirismo).
Escuela del principio
La especulación metafísica del siglo XI fue sintetizada en el siglo XII por el
gran neoconfuciano Zhu Xi, que desarrolló las doctrinas de la escuela del
principio. En el siglo XIV estas doctrinas fueron adoptadas para las pruebas de
admisión en el servicio civil imperial y permanecieron iguales hasta 1905. Esta
escuela mantenía que todas las cosas estaban compuestas de dos elementos:
principio o ley (li), que era un reflejo del Gran Absoluto (Tai-chi), y materia
(ch'i). A través de la investigación de las cosas, que vino a ser el estudio
de los asuntos humanos de acuerdo con los clásicos, y a través del
autoconocimiento, uno podría llegar a la materia y comprender el principio.
Este estudio llevaría a un entendimiento de todas las cosas y, al mismo tiempo,
acentuaría el principio (la naturaleza humana buena en esencia) y minimizaría
el ch'i (las propensiones físicas) en la mente de cada uno. Así instruido, el
individuo podría entender los asuntos del Universo y dominarlos mediante el
poder de la virtud personal.
Escuela de la mente
La neoconfuciana escuela de la mente (hsin) surgió en los siglos XI y XII, pero
hasta el siglo XV no encontró un divulgador de excepción en la persona del
estadista Wang Yang-ming. Siguiendo las primeras enseñanzas de la escuela, Wang
mantenía que la mente no era una combinación de li y de ch'i sino sólo li, o
principio. Puesto que la mente era principio puro, sin las trabas del ch'i,
contenía la bondad esencial de la naturaleza humana. Por lo tanto, todos
tenemos conocimiento del bien de forma innata y sólo necesitamos buscar en
nuestras mentes para encontrarlo. Wang afirmaba también que el conocimiento
bueno y verdadero ha de tener una consecuencia práctica. Esto le llevó a la
conclusión de que conocimiento y acción forman una entidad inseparable. Abogó
por una filosofía que arrancara del descubrimiento del principio o del
conocimiento de lo bueno en la mente de uno mismo y llevara los impulsos de la
mente hacia acciones benéficas para la sociedad. Tras la muerte de Wang, la
escuela de la mente se orientó hacia la práctica de la meditación Zen para
alcanzar la iluminación. Más tarde, esto llevó a un grupo de sus seguidores
hacia el subjetivismo, una especie de respuesta espontánea a todos los impulsos
naturales. Esta tendencia se asoció con el debilitamiento del gobierno chino en
los últimos años de la dinastía Ming, que concluyó en 1644.
Escuela del saber práctico
Al principio de la dinastía Qing, fundada en 1644, los filósofos confucianos
reexaminaron la civilización Ming con la intención de descubrir el punto
débil que había provocado su caída. La escuela del saber práctico rechazó
tanto la especulación metafísica de la ortodoxa escuela del principio como el
idealismo subjetivo de los seguidores de Wang Yang-ming. Impulsaron el estudio
renovado de los textos clásicos de la dinastía Han para redescubrir la ética
verdadera y las doctrinas socio-políticas del confucionismo. Este estudio
provocó un espíritu muy crítico y métodos científicos concretos de
verificación de los textos. El mayor filósofo de esta escuela fue Tai Chen
que, durante el siglo XVIII, objetó a la enseñanza neoconfuciana que la
verdad, o principios, existía en la mente humana y que se podía alcanzar
mediante la disciplina mental. Creía que esas enseñanzas habían llevado a una
introspección y misticismo excesivos. Además rechazó lo que los demás
neoconfucianos habían determinado como verdad o principio por considerarlo como
simples juicios subjetivos. Llegó a afirmar que el principio podía encontrarse
en las cosas en exclusiva y que sólo podía ser estudiado con objetividad a
través de la recopilación y análisis de datos basados en hechos. Estos
métodos científicos, sin embargo, no fueron nunca aplicados por la escuela
empírica para el estudio del mundo natural: esta escuela se centró en el
estudio de los asuntos humanos de la misma forma que lo hicieron los clásicos.
El resultado fue un notable saber en los campos de la filología, la fonología
y la geografía histórica, pero hubo muy poco conocimiento innovador y no se
produjo ningún avance en las ciencias naturales.
Especulación de los siglos XIX y XX
Las carencias del neoconfucionismo se hicieron patentes en el siglo XIX. La
especulación metafísica no aportó ninguna explicación para los cambios que
el impacto de Occidente hizo necesarios en China, y la ética tradicional
parecía impedir, cuando no frustrar, los intentos chinos para modernizarse. En
la década de 1890, sin embargo, el joven y brillante filósofo K'ang Yu-wei
hizo un esfuerzo radical para adaptar el confucionismo al mundo moderno. En su
revolucionario tratado Confucio, un reformista, K'ang afirmó haber descubierto
la fuente confuciana para una reforma radical de las instituciones políticas y
sociales chinas, reformas necesarias si China quería hacer frente al
imperialismo de Occidente. El programa para la reforma confuciana de K'ang,
aplicado durante un breve periodo en 1898, se vio frustrado por el poder que
tenían en el gobierno los confucianos ortodoxos y el propio K'ang tuvo que
exiliarse. El líder nacionalista Chiang Kai-shek hizo, con el Movimiento Nueva
Vida en la década de 1930, un intento por reavivar en China la ética de
Confucio.
Hacia 1897 la filosofía occidental se había introducido en China a través de
las traducciones y durante las décadas siguientes muchas ideas y doctrinas
occidentales llegaron de la mano de estudiantes chinos que regresaban de
Norteamérica y Europa a su país. La filosofía china del siglo XX ha adaptado
una serie de modelos derivados del pensamiento occidental a la vez que ha
intentado utilizar ideas de las escuelas orientales tradicionales.
Las filosofías occidentales más influyentes en el siglo XX en China han sido
el pragmatismo y el materialismo. El primero, recogido en los escritos de Hu
Shih, alumno del filósofo estadounidense John Dewey, concebía las ideas como
instrumentos para hacer frente a las situaciones reales y puso énfasis en los
resultados. Por lo tanto era apropiado para una filosofía de la reforma y
desempeñó un papel importante en el Movimiento Nueva Cultura (iniciado en
1917), que pretendía modernizar la vida social e intelectual. Hacia 1924, sin
embargo, el pragmatismo empezó a perder popularidad, tal vez porque carecía de
un ideario político integrado. El materialismo en China ha consistido sobre
todo en su vertiente dialéctica, como fuera descrito por Karl Marx, cuyos
trabajos fueron muy conocidos hacia 1919. El materialismo ha sido el poder motor
en la reconstrucción económica china y, desde finales de la década de 1920,
el materialismo histórico (la interpretación económica de la historia) ha
ganado popularidad entre algunos filósofos no comunistas. La mayoría de los
materialistas adoptó más tarde el marxismo-leninismo, la línea política
ortodoxa del Partido Comunista Chino, expuesto por Mao Zedong (Mao Tsé-tung).
Aunque los comunistas chinos han afirmado que el maoísmo era un desarrollo del
marxismo-leninismo, un análisis pormenorizado muestra que la originalidad de
Mao no era tanto teórica cuanto práctica y sostenida por su indudable carisma
como líder de masas.
El filósofo confuciano más conocido del siglo XX es Fung Yu-lan, que ha
reconstruido la neoconfuciana escuela del principio. Aunque sus conclusiones
eran similares a las de los neoconfucianos de la época Song, Fung aportó
razonamientos nuevos y lógicos y clarificó el modelo original. Hacia 1960 Fung
se decantó por el materialismo histórico y revisó su obra La historia de la
filosofía china (1931, 1934; complementada, 1936; traducida, 1948) según las
ideas del marxismo-leninismo.
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