El desarrollo de la Fuerza en Prepúberes
El desarrollo de la fuerza
en los niños es un tema muy disputado por entrenadores, kinesiólogos y
deportólogos. Cada uno desde una visión diferente alude a sus
conocimientos intentando apoyar sus conjeturas, si bien son todas
verdaderas y validas, lo que a mí concierne es presentar el tema desde
un punto más generalizado y explícito en forma de poder aclarar
algunos puntos que considero fundamentales en el trabajo de la fuerza
en los niños.
Es evidente que los medios
y las cargas en el trabajo de la fuerza son diferentes en niños y
adultos, debido a sus diferencias estructurales y fisiológicas.
Las características
estructurales de la musculatura de los niños es similar a la de las
niñas hasta la pubertad.
No obstante presentan
grandes diferencias con respecto a la del adulto, partiendo de la base
de que el sistema óseo de los niños es mas elástico y a la vez menos
resistente a la presión y a la flexión a causa de una menor
calcificación.
Cabe mencionar que el niño
desarrolla menos fuerza que el adulto, pero ¿por qué? ¿a qué se debe?
Son muchas las
características y diferencias que predominan para que suceda, por
ejemplo:
-
La velocidad de
contracción muscular
-
La sección transversal
del músculo.
-
El número de fibras
musculares.
-
La eficacia de las
palancas mecánicas.
-
La eficacia de la
sincronización de los impulsos de las fibras musculares.
-
La velocidad de
conducción de las fibras nerviosas.
-
La eficacia de los
diferentes reflejos de estiramiento y su control de la tensión
muscular.
Por otra parte el
desarrollo máximo de la fuerza en prepúberes se ve limitado por la
ausencia de determinadas hormonas anabólicas como la testosterona, que
es esencial, consiguiendo únicamente un excesivo stress que no es
conveniente para un organismo todavía en construcción.
Sin declinar a lo ya
expuesto, cabe mencionar que el desarrollo de la fuerza en prepúberes
es altamente necesaria en forma de prevención de futuras lesiones
articulares, ligamentosas, tendinosas y musculares. Al existir un
aumento de la densidad mineral previene al joven de una futura
osteoporosis en su madurez, proporciona estabilidad articular, acelera
rehabilitaciones y permite utilizar mas tiempo la fuerza submáxima,
por lo tanto, disminuye la fatiga y el riesgo.
Con un trabajo responsable
y consciente se pueden alcanzar aumentos notables de la fuerza, por
el solo hecho que se aprende a reclutar mayor número de fibras, por lo
tanto lo neurocoordinativo mejora la coordinación intermuscular (entre
músculos) e intramuscular (entre fibras musculares). Cuando el niño
crece se mejoran los ángulos de inserción de los músculos.
Debemos tener en claro que
estos niveles de fuerza en niños no es a causa de una acción
metabólica, sino a causa de acción neuromuscular y neurocoordinativa.
Existe una fase
sensible a los 7 u 8 años, en los que los estímulos de
entrenamiento relacionados con la fuerza rápida y fuerza
resistencia, pueden tener un importante efecto en el niño, la
fuerza máxima no sería un estímulo adecuado hasta los
16 o 17 años.
La responsabilidad del
profesor y del niño son, por lo tanto, los factores más importantes en
cuanto a la seguridad de este tipo de entrenamiento.
Debemos presentar
ejercicios que involucren todo el sistema muscular de forma pareja:
juego, acciones de otras disciplinas y ejercicios que desafíen la
capacidad del niño constantemente.
Está comprobado que los
ejercicios con contracciones de carácter isotónico, con elevado número
de repeticiones y cargas de baja intensidad son los más efectivos y
convenientes para los niños prepúberes.
No debemos exponer al niño
a cargas que él no esté apto a movilizar, ni estresar su organismo con
ejercicios analíticos específicos, que no llevan ningún objetivo
óptimo.
Tenemos que intentar
fortificar y armonizar esa estructura con inteligencia y sapiencia,
partiendo desde la coordinación.
Maximiliano R.
Eransus
3er. Dan de A.T.U.
Profesor Nacional de
Educación Física |