Reflexión desde la sombra

© Alex Esteve - 2002

Oculto en el interior de una de las máximas, a la que recurrimos en innumerables ocasiones, reside la comprensión del único secreto de nuestro arte: en el verdadero arte marcial no existe secreto alguno. Su enigma es a su vez pregunta y respuesta, y se halla en el propio y particular significado de tales palabras.

En realidad, existen tantos significados como personas sean capaces de percibir el sonido de dichas palabras, siendo su conclusión algo íntimo a donde tan sólo podemos llegar de un modo personal. Esa es la respuesta sincera, tal vez la única respuesta, a nuestras constantes preguntas y actos cotidianos.

El arte convive con un sinfín de incomprensiones, participando constantemente en erróneos juicios de valor a los ojos de la ignorancia y siendo a su vez un moroso deudor de quien, sin poder remediarlo, acarrea con la dura labor de darle vida: el artista.

La fe con la que él vuelca sus momentos, dando con ello a luz a sus no siempre reconocidos vástagos y sobrellevando los inevitables avatares de esa constante lucha con la sociedad, jamás está justificada y ni tan siquiera comprendida por quienes no pueden apreciar más que lo simple, lo obvio y lo material. Esa fe que transpira junto al hombre y desprende la esencia del propio arte, es movida por la fuerza del corazón, una fuerza que desde el nacimiento viene embellecida por el espíritu incesante de nuestras convicciones.

¿Por qué decidimos recorrer nuestra vida a través de este duro camino? Esta es una de esas preguntas que en un momento u otro invaden nuestros más íntimos pensamientos e inquietudes. Abordemos pues esta reflexión en voz alta y démosle un sentido lógico a nuestras acciones, a nuestra vida, y a nuestro futuro. No cabe duda de que el sacrificio, la perseverancia, y la deuda que debemos pagar para recorrer nuestro camino a través del Budô, debe estar ligado a algo más que a una simple convicción de nuestras decisiones.

El sacrificio, no tan sólo es un acto de abnegación inspirado por la vehemencia de un ideal o de un afecto, es también la acción y la forma a la que uno se liga con gran resistencia por razones que escapan a toda lógica, pero que nos hace hacerlo con total convicción. A todo esto, inevitablemente debemos añadir que no existe sacrificio alguno sin la renuncia o privación expresa de algo o alguien.

La perseverancia es la total firmeza y constancia en la ejecución de nuestros propósitos. Debe estar totalmente presente no tan sólo en nuestros actos, sino también en las más intimas resoluciones de nuestros estados de ánimo. La total perseverancia no es más que una duración permanente o continua de un pensamiento, una fe, un sentimiento, etc., y tiene como resultado mantener la virtud y la gracia hasta la muerte.

Resulta evidente que la suma de estos dos profundos conceptos, sacrificio y perseverancia, dan como resultado unas temibles valías con las que debemos de ser capaces de comulgar.

El Budô es arte y como tal su concepto abstracto permite al ser humano describirlo de infinitos modos. Cada persona, según sus creencias, estudios, cultura, etc., percibirá y al mismo tiempo describirá el arte a su forma.

Si bien es cierto que en las Artes Marciales las formas son los estilos, el arte no reside en los mismos si no en su esencia, en su espíritu común, en su filosofía de vida. La vía del guerrero ancestral y la del guerrero moderno las sostiene un mismo eje central formado por la resistencia, la perseverancia y la supervivencia a través de un único e inquebrantable valor: la justicia universal.

Los estilos marciales son fruto de vidas entregadas al estudio y desarrollo de esas fuertes creencias, que sin duda alguna han llevado al ser humano a sobrevivir a las adversidades de la naturaleza y sobre todo a las calamidades, fruto de nuestro propio ego.

Podríamos situar al Budô, en un plano superior al que residen todos y cada uno de los estilos que lo interpretan y a través de los cuales le dan diferentes formas. Ahora bien, así como para conceptuar de un modo general y común al Budô sólo requiere de fe marcial, para hablar de estilos es necesario que sus interlocutores lo hagan con verdadero respeto, ya no sólo por los propios estilos, si no por quienes en el pasado llegaron a entregar sus vidas por y para ellos. Hablar por hablar puede hacerlo cualquier embaucador, pues el ruido de sus palabras resulta tan grande, molesto y vacío como el ego de su personaje. Con esto quiero decir que aunque hablar sea algo de uso común, incluso en el arte de hablar debemos encontrar a esas personas que al hacerlo, transmitan vida, arte y Budô. Hablar de la vida, del arte, de estilos, de personas... es algo mucho más serio que el hablar por hablar.

Como artistas marciales es imprescindible que seamos capaces de descubrir a esos seudo maestros que sin respeto alguno se aventuran a hablar y a escribir, no solo sobre el Budô en general, hecho que sería algo abstracto y con lo cual, al no existir una única “verdad”, sus quimeras quedarían totalmente camufladas, sino que se atreven a hablar y a escribir sobre estilos de los cuales, en el mejor de los casos, tan solo poseen equívocos conocimientos y una escasa bibliografía.

Es de sentido común que para poder tener derecho a hablar o a escribir sobre algún estilo no sólo debemos de conocerlo a fondo, sino que indiscutiblemente se debe de pertenecer al mismo de una forma directa. Si en realidad nos rigiéramos por esta sencilla norma ética, se extinguirían muchos de los fraudes marciales y al mismo tiempo se haría justicia y honrarían las vidas de nuestros antepasados.

A menudo nos encontramos con opiniones y tendencias totalmente erróneas, que son propagadas a los cuatro vientos por algunos de los muchos seudo profesionales y medios de difusión. Indudablemente la gran masa social se ve manipulada por esos poderes mediáticos. Es evidente que el individuo recoge esos datos como puntos de referencia, y es entonces cuando la imagen genérica que se proyecta de las artes marciales dista mucho de ser, ni tan siquiera, un sucedáneo de la verdad.

La esencia marcial se halla en el extremo opuesto del comercialismo, y su espíritu se aleja al máximo de tendencias competitivas y ambiciones materiales. La supervivencia y el instinto del constante desarrollo, evolución y formación como seres humanos, son las raíces de lo que conocemos como Budô.

Actualmente en el mundo de las artes marciales y más concretamente en las de origen japonés, se habla constantemente sobre Budô, pero ¿Somos capaces de definirlo con nuestras propias palabras? ¿Entendemos su significado? ¿Se utiliza correctamente este término?

Para entender su significado, primero debemos conocer las reminiscencias que soporta este termino en su idioma natal. El término Budô 武道 esta compuesto por dos ideogramas japoneses (kanji). El primero - bu - significa guerra o guerrero y se utiliza para describir todo aquello relacionado con los aspectos marciales. El segundo ideograma - dô - significa vía o camino, haciendo referencia a la trayectoria o estilo en el que cada uno de nosotros proyectamos nuestras vidas.

De esta manera, podríamos traducir Budô como la vía del guerrero, el camino de las artes marciales, etc..., quedando en entredicho que lo que Budô quiere expresar, es un modo concreto de hacer y ver las cosas, una visión especial de lo que nos rodea, una constante perseverancia en todos los aspectos de la vida, un arraigado y evolutivo instinto de supervivencia y una clara y firme filosofía de vida reinada por un completo estado de autoprotección.

En sus orígenes, a las técnicas marciales o artes de la guerra se las conocía con el con el nombre de bujutsu 武術. Este jutsu hace referencia a la técnica o arte, y difiere claramente del dô por ser algo totalmente físico. Cuando hablamos puramente de técnicas de lucha, nos referimos a las formas físicas y mentales necesarias para crear efectividad en nuestras acciones, pero estas no tienen porque poseer ningún tipo de filosofía o estilo de vida, no van más allá de la perfección de las propias técnicas, esta es su finalidad.

El arte, en cualquiera de sus interpretaciones, no es más que seguir adelante cuando en la propia técnica se alcanza el entendimiento y la perfección. Esta reflexión nos desvela que el bujutsu 武術 es el transporte y el budô 武道 la vía o camino por donde éste se desplaza. En nuestros días existen muchos estilos de lucha, pero pocos son los que al mismo tiempo aportan una seria filosofía de vida.

Por otro lado, en nuestros días el bujutsu ha sufrido también una clara transformación. Pienso que los términos tales como, disciplinas de contacto o deportes marciales, definen correctamente lo que la mayor parte de la masa social confunde y conoce bajo el nombre de artes marciales. Cualquier disciplina que tenga sus orígenes en la Artes Marciales, pero que haya modificado su entrenamiento, conceptos, técnicas..., pero sobre todo su finalidad, no debe vivir bajo el nombre de Artes Marciales. La razón es obvia, no tienen nada que ver.

 Contacto con el Sr. Alex Esteve alex@savir.com