Hace pocos meses, en oportunidad de comenzar el curso lectivo del presente año, El Atlántico exaltó la labor educacional desplegada en la casona de Rivadavia 3431. Los jardines de infantes que Alemania creara a principios de siglo, comenzaban también, a finales de los años 20, a desplegar su tarea en Mar del Plata. Savastano, Matalía, fueron apellidos de jovencitas que pronto ganaron el amor de muchos niños marplatenses.
La casa de la calle Rivadavia convocó por años y años a los que iban despertando a la vida. Paralelamente, a la alegría de esa niñez se sumaba el placer de la música, con los sonidos del piano de quien sigue siendo Luisito. En el mismo teclado continúan afirmándose las manos impulsadas por un entrañable amor a esa música que abrazó desde pequeño para recibirse de profesor apenas cumplidos 16 años. En esa misma casa se reciben visitas con las que departen ambos -docente vocacional, artista bohemio- sobre los temas que siguen apasionándolos.
Los que acumulamos años queremos retenerlos, para recrearnos con recuerdos, para expresarle el reconocimiento. Probablemente, el saberlo los halague. A todos resulta placentero saberse queridos. Pero cuando esa expresión de cariño surge de la juventud, cuando la inquietud por determinadas preocupaciones brota de quienes están en el tramo del vértigo, los proyectos y realizaciones que no otorgan treguas; cuando, en definitiva, las generaciones que nos siguen reconocen trayectorias que saben de entregas y reclaman reconocimientos, entonces imaginamos que la satisfacción
debe alcanzar -tiene necesariamente que alcanzar- el delicioso placer de la tranquilidad íntima.
Historiando la trayectoria de Luisito Savastano, señalando sus éxitos en la creación musical, los premios obtenidos y su condición de ciudadano ilustre de la ciudad, ha sido presentado presentado en el Consejo Deliberante, un proyecto de ordenanza por el que se declara "Patrimonio cultural de la ciudad" a la casa de la calle Rivadavia 3431. Ello implica, paralelamente, resguardar legalmente el inmueble de cualquier intento de mutación arquitectónica, al tiempo que se dispongan las restauraciones necesarias y eximición de impuestos a la familia Savastano, con la condonación de las posibles deudas existentes.
Los miles de marplatenses que al leer estas líneas evocarán pasajes juveniles, alegres, trascendentes en su vida de relación, adherirán a esta manera concreta de homenaje a trayectorias que han incidido en el acervo cultural de la ciudad, enriqueciéndola.
El joven Daniel Canales ha presentado el proyecto el 10 de junio de 1998. Antes, la comuna distinguió, en 1997, al eximio maestro.
Decisiones como las que se sugieren importan el sentir de la población que desea para sus seres admirados un merecido transcurrir sin sobresaltos evitables y conciencia de la importancia que tienen las cosas.
La casa de Luis
El 28 de Diciembre de 1994, movida por su sensibilidad, María de la A entregó "para Luisito, con cariño", este poema.
En casa de los Savastano,
un piano de lluvia
recuerda un tango ausente.
Las iniciales tiemblan
sobre el vidrio.
Antiguas mecedoras
duermen siestas de niebla
y muchachas más blancas
que el tul de los veranos
enamoran el aire.
Las iniciales sueñan
sobre el vidrio.
La casa de los Savastano
tiene su propia calle,
su cielo diferente.
Y balcones de música y silencio
y una luna que baja
y recuerdos de amores
que viven para siempre