Si las obras son amores, la provincia quiere mucho a Mar del Plata
En el mar navegan historias. Algunas quedaron el fondo, hundidas en la indiferencia. Otras sobrepasaron las olas del olvido y mantienen a flote la identidad de Mar del Plata. Pero el mar, inspirador desde su inmensidad y fascinación, sigue inalterable y fiel testigo del paso del tiempo y de los notables avances.
Desde los primeros selectos veraneantes que visitaron una incipiente ciudad balnearia y llegaron por camino de tierra a través de lo que era la Ruta 2, hasta nuestros días, cuando miles de turistas pueden disfrutar de las playas ampliadas por el refulado, tras arribar en cuatro horas por la Autovía a una Mar del Plata con vida propia y con un esperado crecimiento turístico.
De los pudorosos trajes de baño a las microbikinis pasó medio siglo de cambios y evolución permanente. Nuevos y complejos desafíos ponen a prueba al hombre. Y la historia juega un papel fundamental en cada paso adelante.
PLAYA PARA POCOS.
A principios de este siglo, ir a la playa era para unos pocos afortunados. Exponentes de la sociedad elegante, la playa Bristol quedaba despoblada poco después del mediodía. Es que los antiguos veraneantes sólo la visitaban por la mañana y después se retiraban a sus chalets o lugares de alojamiento para almorzar y descansar en prolongadas siestas.
No era extraño que por la tarde, los únicos habitués de las playas fuesen los empleados domésticos el personal de hoteles.
Una curiosidad que mantuvo desde 1905 hasta 1920, fueron los paseos en camello por la playa. El señor Medina, así lo llamaban al precursor, era esperado por los niños para pasear "en el camello de los Reyes Magos", tal cual se publicitaba de "boca" en "boca" el atractivo.
A partir de la visita del presidente Marcelo Torcuato de Alvear, cuando promediaba la década del ´20, Playa Grande fue la elegida de varios visitantes, quienes levantaban rústicas casillas de madera para aprovechar el espacio que no encontraban en la Bristol.
El sector actualmente ocupado por las playas de Punta Mogotes era un pajonal, mientras que la Perla creció en el Norte paso a paso y ante el avance de las playas del Sur.
La vestimenta utilizada por las mujeres para veranear incluía una malla cerrada (similar a un vestido), gorra, medias largas y zapatillas de goma, y los hombres llevaban además amplios pantalones de lanilla y una especie de pechera.
Hasta el ´40, no se podía transitar La Rambla en traje de baño. Firme y con un silbato "delator", el guardia de turno controlaba el cumplimiento de la norma. Quienes no habían alquilado su casilla para cambiarse, se dirigían desde sus hoteles o residencias con la tradicional salida de baño, para no protagonizar lo que, en aquel entonces, significaba un escándalo.
Por la noche, con ropa elegante, el destino era el Casino. Por eso, quienes no tenían la "pilcha" adecuada, podían alquilar corbatas en la puerta de "la casa de piedra" a precios módicos.
Los nadadores tenían la oportunidad de descansar en balsas grandes, especies de playones que flotaban a cien metros de la orilla y todos los balnearios tenían instalados armazones de madera denominados toalleros, en donde los bañistas dejaban colgadas sus toallas y salidas de baño.
Tampoco faltaban los concursos, puesto que el club Mar del Plata organizaba la "búsqueda del tesoro dulce" y los niños buscaban en la arena golosinas donadas por una firma que auspiciaba el juego. De manera que las palas y los baldecitos arremetían hasta el cansancio en busca del premio, que después era compartido en reuniones familiares.
El vendedor de boinas y el sandwichero también formaban parte de la rutina. Vestido impecablemente con guardapolvo blanco y gorra, este último ofrecía en su canasta sandwiches que eran el deleite de todos.
Además desfilaban por la arena los fotógrafos, quienes exponían las fotos familiares en sus locales de La Rambla. El fotografiado adquiría la obra luego de ser vista por aquellos que pasaban por la vidriera. La música aparecía esporádicamente por altoparlantes, y los bañeros (el primero fue Genaro Ventura) el resto del año eran caseros de las residencias de los veraneantes.
INTERNET BAJO EL SOL.
La tecnología y la variedad de propuestas marcan el rumbo de la actualidad. Las playas fueron ampliadas por el refulado de arena y las obras se convirtieron en atracción durante y después de su ejecución.
Después de 164 días de intenso trabajo, y bajo la responsabilidad del ministro José Antonio Romero, las playas Grande, Bristol y Varese cambiaron de "cara". La espectacular obra concluyó el 12 de enero de 1999 y los turistas vivieron un verano inolvidable, batiendo récords de arribo a la "mejor ciudad balnearia del mundo", según la sabia opinión fundada del reconocido historiador de Mar del Plata, Jorge Fernández Schenone. La Playa Grande, por ejemplo, triplicó sus dimensiones y Varese cambió arena por piedras.
Hoy, los balnearios privados y públicos se han erigido en lujosos complejos, con todo al alcance del visitante. Restaurantes, juegos de mesa, al aire libre y computarizados, servicios de Internet (red que comunica al mundo), piletas climatizadas, canchas de césped para la práctica del fútbol, son algunas de las tantas alternativas que ofrece el final de siglo.
Además, en algunas playas enseñan a bailar salsa y ritmos tropicales, se practica aeróbics y hay baños saunas. Las avionetas siguen exhibiendo avisos publicitarios y los más osados aprovechan las condiciones del tiempo para lanzarse en parapente. El jet sky es otro atractivo y la iluminación hace que se pueda disfrutar de la playa debajo de las estrellas y con luna llena.
CAMINO AL ANDAR.
El 5 de diciembre de 1938 se inauguró el "camino a Buenos Aires", es decir la Ruta 2, bajo la presidencia de Agustín Justo. Del histórico acontecimiento participaron el gobernador Manuel Fresco y el intendente Daniel Camusso.
Muchos exigían la pavimentación de ese transitado camino. Y a partir de ese paso adelante, surgen las primeras compañías de transporte.
Pero, con el correr de los años, ese camino fue denominado "La Ruta de la Muerte", como consecuencia de los accidentes producidos. El sueño de la autopista estaba en marcha y el camino se hizo al andar.
Tras seis décadas de postergaciones, el 27 de enero de 1999 se inauguró la autopista "Juan Manuel Fangio", cuya construcción era indispensable para el final de los accidentes frontales.
En consecuencia, ese verano marplatense fue histórico.
Por las playas transformadas en "paraísos" y por la Autovía 2, que experimentó en su primer año una verdadera caravana de autos. Cuatro horas separan a Mar del Plata de Buenos Aires, se implementó un moderno sistema de seguridad en la capa asfáltica y en la temporada alta, según cálculos oficiales, arribaron 50 automóviles por minuto, una cifra histórica que sorprendió hasta a las autoridades.
Mientras se proyectan más obras para el crecimiento de Mar del Plata, el mar sigue imponente. Inspirador de sueños y utopías, es fiel testigo de los maratónicos cambios. A ritmo vertiginoso, por sus misteriosas aguas navegan más historias, que algún viejo narrador eternizará en sus relatos.