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© Mario Trucco para TodoMardelPlata
Stella Maris, con distinto entorno pero igual unción
Entre los marplatenses de antaño, la referencia a "la loma" se vinculaba con el turismo, una zona de singular animación durante los períodos veraniegos, y de quietud, letargo, para los restantes nueve meses. El aditamento de Stella Maris respondía a la incidencia del templo levantado en 1912 y que por años y años, significó la referencia más elevada dentro del panorama edilicio de esa zona, a partir de 1942 apareada por la magnificiencia de de la torre tanque de Obras Sanitarias y luego, con la propagación de la propiedad horizontal, semioculta entre los monumentales edificios de rentas que invadieron el sector desplazando a las casas palaciegas de principios del siglo pasado.
Pero la presencia del templo domina aun la zona aledaña, de la misma forma que en sus comienzos constituyó una avanzada en la catequización de los niños constituídos en las familias que prestaban servicios en las magníficas residencias. Como tantas otras cosas, Stella Maris fue la consecuencia del empeño de la aristocracia del país por dotar a la villa veraniega de todos los elementos para desarrollar en ella una intensa actividad social. La misma que ocupaba su atención en la capital durante el resto del año. Y en otro bastión de la colonia turística -el Bristol Hotel- se echaron bases en la temporada de 1908, para darle a las habituales reuniones religiosas que se cumplían en diversas residencias -la capillita del Palacio Ortiz Basualdo entre otras- un lugar definitivo. Precisamente, una comisión presidida por Doña Ana Elía de Ortiz Basualdo, se movilizó de inmediato y con diversos aportes concretó la iniciativa. A escasos doscientos metros del actual museo Carlos Castagnino, en Almirante Brown y Viamonte, Federico Alvear donó una esquina de 2.400 varas. Un mes después de asumido el compromiso en el lujoso Bristol Hotel, el 22 de Marzo, se colocó la piedra fundamental. Dos años más tarde quedaba habilitada la capilla provisoria y el 7 de Marzo de 1912, el templo lucía en todo su esplendor el estilo gótico de sus líneas, rematadas en la torre de 22 metros de altura, dominante, en una zona todavía despoblada, sobre calles sin asfaltar y donde los grandes baldíos iban siendo ocupados por las residencias temporarias empeñadas en exhibir sus fortunas a traves de la espectacularidad de sus construcciones importadas.

Las fotografías que ilustran esta nota ofrecen testimonios de distintas etapas que ejemplifican los cambios operados en el tradicional sector veraniego.

La presencia de las Hermanas Adoratrices se remonta al comienzo mismo de la actividad del templo, en 1912. El primitivo lugar ocupado por la capilla precaria sirvió de escenario para las dos aulas iniciales. Y a partir de 1918, cuando comenzaron las obras para el nuevo edificio del colegio, el desarrollo fué más acelerado. Y abarcando otras inquietudes, que contemplaban determinadas necesidades. Entre ellas la incorporación de cursos de corte y confección, imprescindibles en la formación de las pequeñas provenientes de los hogares constituidos por residentes. Comenzaron con el año lectivo de 1922 y en ceremonia inaugural, el presbítero Manuel Samperio escribió un poema que fue leído por una de las niñas concurrentes. Era un testimonio del agradecimiento a Doña Ana Elía de Ortiz Basualdo -hermosa dama, de intervención desiciva en los proyectos- que fue repetido al autor de esta nota 64 años después en una entrevista mantenida en su domicilio de avenida Caseros y Almafuerte en la Capital Federal, por esa niña, orgullosa aun de haber sido designada. (ver recuadro)

A escasos cien metros del lugar que ocupa la Iglesia Stella Maris, la avenida Colón alcanza su dimensión total, su caracter de arteria representativa de las distintas épocas que ha vivido Mar del Plata, todas bajo la influencia de las diversas características del turismo con que alimenta gran parte de sus
aspiraciones. De las viejas mansiones de antaño, Villa Normandy, construída en 1918, aun permanece de pie. Está a pocos pasos. En la otra esquina. Propiedad del comerciante francés Felix Delor, radicado en Buenos Aires, pareció en un momento amenazada por falta de mantenimiento, pero en la última década del siglo, adquirido por José Lorini, fue restaurada. En la actualidad está alquilada por la agencia consular de Italia y volvió a exhibirse en plenitud.

Como para ejemplificar las variantes permanentes en el panorama edilicio de la ciudad, convendría agregar que actualmente, entre Iglesia y Villa, a mitad de cuadra sobre Viamonte, hay una vivienda particular de los años 20, que exhibe el cartel de venta. Obviamente, los baldios y manzanas desocupadas de esas épocas, ya respondieron a la demanda permanente.
A doña Ana Elía
de Ortiz Basualdo


El hada buena

Como en los cuentos de hadas
en que hay grandes palacios
en antiguas estrellas apagadas
que ruedan todavía en los espacios...
Como en los cuentos de las abuelitas
donde todas las citas son al Cielo
cerca de la Luna,
hoy se ha convertido en realidad
la bella ilusión de los cuentos.
Señora, vos sois el hada buena
que una noche serena
por un mágico encanto conducida,
habéis hecho caer desde la altura
una estrella de amor y de ventura
aquí, sobre esta loma bendecida.
Y hoy, reunidas en ella,
como en los cuentos de hadas,
hácenos jubilosas
y hay luz de estrellas
en todas las miradas
y en torno, aroma de pétalos de rosas.

Presbítero Manuel Samperio.