El panorama edilicio marplatense se renueva constantemente. Pareciera que existe la obsesión de innovar. Más alla de preferencias por determinados estilos, que encontrará oposición siempre, resulta evidente la gravitación que ha tenido el propósito de potenciar el atractivo para el turista, cualquiera haya sido el resultado de esas periódicas renovaciones. Lógicamente, el sector costero es el más explícito y dentro de él, la zona céntrica y sur del balneario a sido permanentemente modificada.
Desde los tiempos en que se insinuó la posibilidad de aprovechar algo más que la explotación de un saladero - mediados del siglo XIX - con la llegada de los primeros turistas, hasta el reciente refulado que amplió en cientos de metros las arenas de sus playas, la impaciencia por imponer cambios ha sido permanente. Imposible abarcarlos en pocas líneas. Puntualmente, eligiríamos en primer término el sector donde la actividad playera se domina desde mayor altura, como consecuencia de las estribaciones que se originan en uno de sus extremos, el sur, denominado Cabo Corrientes, primeras manifestaciones del sistema orográfico de Tandilia. Lugar residencial identificado como La Loma, hasta promediar el siglo pasado, se distinguian nítidamente la Torre Tanque - proveedora de agua corriente - y la cruz superior de la Iglesia Stella Maris, apenas separadas por un centenar de metros. La edificación en propiedad horizontal les ha restado, desde entonces, importancia en el panorama.
Los primitivos hoteles junto al mar, en la playa llamada de los ingleses. Muchos se recinstruyeron tras habilitarse el camino inferior. El más pintoresco, con confitería formando un tunel, el Bella Vista, habilitado en 1941.
Y en la costa propiamente dicha, lo que fuera mansa llegada de las aguas hasta proximidades de hoteles y residencias, pasó a exigir contenciones, por la gravitación de las obras del puerto con sus dos largas escolleras que modificaron las corrientes y provocarían erosión en el norte.
Lo que desde siempre se conoció como Playa de los Ingleses, por las preferencias que por ella mostraban los turistas miembros de esa colectividad, recibió cambios constantes. Se prolongó un camino inferior como alternativa para unir ambos extremos de la pequeña bahía y entre ambos - pronunciado declive - se construyeron en los años 30 y 40 los nuevos hoteles que mantuvieron viejas denominaciones: Saint James, Old Boys, Bella Vista, el Hurlingham en lo alto.
Pero inexorablemente las variantes en la costa marplatense dificilmente se mantengan en vigencia por más de 30 años. Y en la década del 70, la piqueta volvió a funcionar, con el propósito de otorgar sólo sectores parquizados entre el viejo camino superior y el muy angosto pegado al mar, los mismos sobre los cuales, en el ya lejano 1949, Juan manuel Fangio iniciara su serie de éxitos al comando de máquinas de fórmula internacional, que culminarían con la obtención de cinco títulos. Ahí, en ese escenario distante apenas a 70 kilómetros de su Balcarce natal, encontraría una maravillosa plataforma de lanzamiento.
Vista desde el sur, y conocida ahora como Playa Varese - propietario del muelle frente a su hotel, el Centenario - este fue el escenario donde Fangio obtuvo su primer triunfo, aventajando a Villoresi Ascari, Farina, entre otros ases mundiales.
En el último lustro, en su afan de recuperar arenas perdidas, se concretó una vieja aspiración del ingeniero Alberto Lagrange - hijo de estas costas - y con la construcción de dos escolleras, empleando piedras de la zona, vuelve a tener vigencia la evocada Playa de los Ingleses.
En viejas y serpenteantes escalinatas, quedan recuerdos de los hoteles que pretendían ser tradicionales, sin reparar en lo transitorio de todo lo que se vincule con una ciudad que todavía sigue empeñada en buscar un perfil definido. Y que afrontando riesgos y oposiciones, persiste en sus tendencias a renovarse permanentemente.